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La vida abisal: fauna marina en las profundidades del mar

Freskibo | 26 octubre 2018 | Blog, Sostenibilidad y mar

“Conocemos mejor la superficie de Marte que el fondo del mar”. Esta afirmación del biólogo marino Ricardo Sahade nos sirve para hacernos una idea de lo poco que conocemos la vida abisal y a los habitantes de las fosas marinas en general. En la publicación de hoy de Freskibo conoceremos a algunos de los habitantes de un ecosistema tan hostil como el fondo marino.

 

Antes que nada, debemos acotar lo que denominamos la zona abisal. Esta zona se ubica a partir de los 4.000 metros de profundidad, donde la luz no se atreve a llegar. Las características de esta región son extremadamente duras: una presión hidrostática descomunal, gran cantidad de sales en disolución, temperaturas no superiores a los 4 grados, poca concentración de oxígeno y escasez de nutrientes, y por lo tanto, de vida animal. En un ecosistema con unas condiciones tan extremas, la fauna abisal que la habita también tiene que ser extrema.

 

Diablo negro Melanocetus johnsonii

Este terrorífico pariente del rape nos lo podemos encontrar alrededor de los 4.000 metros de profundidad. El pez utiliza un apéndice luminiscente para atraer a sus presas, que en un ambiente totalmente oscuro solamente ven una luz. Cuando la presa se da cuenta del engaño el diablo negro ya lo ha engullido con sus potentes y grandes mandíbulas y los largos y afilados dientes.

 

Pez víbora Chauliodus macouni

Sacado de tus peores pesadillas, este tipo de pez víbora vive en profundidades de 5.000 metros. Estos peces abisales tienen el cuerpo recubierto de unos órganos llamados fotóforos, estos órganos les proporcionan luminiscencia que utilizan para capturar a sus presas. Con unos alargados y potentes dientes, el pez víbora empala directamente a sus presas para después engullirlas.

 

Calamar colosal Mesonychoteuthis hamiltoni

Se creía que era una leyenda de los 7 mares pero son reales. Estos calamares pueden alcanzar los 18 metros de longitud, aunque se sospecha que pueden alcanzar envergaduras superiores. Existen testimonios que aseguran haber observado ejemplares de 50 y 22 metros, pero no se disponen de evidencias científicas que lo confirmen. Estas criaturas del fondo marino son uno de los platos favoritos de otros mastodontes del mar, los cachalotes. De hecho, muchas de las evidencias que se han podido rescatar de los calamares colosales, han sido a partir de restos encontrados en los estómagos de los mamíferos. Imaginar las batallas submarinas de estas dos especies es como mínimo sobrecogedor.

 

Pez dragón abisal Stomias boa

Con una apariencia agresiva, y unos dientes que no le permiten cerrar la boca, el pez dragón es un auténtico monstruo de las profundidades. Este depredador abisal puede llegar a medir unos 40 cm de largo. Su método de caza es a través de un apéndice luminoso que engaña a las victimas y las atrae hacia sus fauces. Un método similar al usado por otro monstruo del fondo marino, el diablo negro.

 

Pez pelícano Eurypharynx pelecanoides

Uno de los peces que puede habitar en las zonas más extremas, 8.000 metros de profundidad. El pez pelícano es un extraterrestre del mundo abisal. Emparentado con las anguilas, puede superar el metro de longitud. Pero el rasgo más sorprendente es su enorme boca, mucho más grande que su cuerpo y que puede adaptar para engullir presas más grandes que el.

 

Estos son solamente algunos ejemplos de la fauna abisal que podemos encontrar en el fondo marino. Un mundo donde los animales viven en unas condiciones inimaginables para los humanos. Y que a lo largo de los siglos y milenios, se han adaptado y evolucionado para ser máquinas de matar.

 

Pero cabe recordar que solamente hemos explorado un 5% de las profundidades oceánicas. Si con un 5% se han descubierto especies que podrían pertenecer a otros planetas, ¿qué descubriremos cuando hayamos explorado el 95% restante? De momento esta respuesta solo la responderá el tiempo, pero una cosa parece segura: La última frontera parece no estar en el espacio, sino en el mar.

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